Sole Parody estaba apoyada en una valla cuando yo la conocí. La valla era la de la cancha del equipo de fútbol Puerta Bonita, por la zona de Oporto. Cómo no mirar sus altos ojos de extraviada, pensé. Pero luego traía todo su repertorio bien ubicado en un cd dorado. Desde Granada, dijo, hacendada sin título nobiliario, dijo, mi padre me ha puesto un piso lejos de aquí, dijo, pero tengo un amante en este barrio, dijo, un futbolista de tercera división. Como los entrenamientos del Puerta Bonita se habían terminado, ya no quedaba nadie sobre el fango de la hierba; entramos a respirar el pasto azuleado, era otoño sobre nuestras orejas de perseguidoras de Bikini Kill. Me ofreció juanolas. Nos reímos de las redes caídas, de la analogía con las medias bajas, del sexo en los vestuarios y de la liga de las estrellas, allá por el 2001 era. Sole Parody, me dije, una alta cabeza de barro muy maduro, me dije, multipistas (música, fotógrafa, pintora, poeta), me dije, efervesce en presente siempre. Después salió, recién duchado, el amante cuadrado de Sole. Di tres pasos hacia atrás, dos hacia la izquierda, uno a la derecha y desaparecí. Empezó a llover. Sonaron en mi cabeza los tres primeros acordes de mayor mayor tom, el quinto tema del cd perlado de Sole Parody.
[maría salgado, biógrafa]
